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- " SONATA OTOÑAL " DE INGMAR BERGMAN DIRECCION JOSE CARLOS PLAZA VESTUARIO MARIANA PEREZ CIGOJ ESCENOGRAFIA
E ILUMINACION TEATRO MULTITEATRO - 2002 |

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FICHA
ARTISTICA
La
obra Ingmar Bergman se estrena en la sala principal del
Multiteatro
el 23 de julio del 2002, con la dirección general de José
Carlos Plaza ELENCO
ASISTENTE
DE DIRECCION DISEÑO
SONORO: VESTUARIO ESCENOGRAFIA
e ILUMINACION DIRECCION
GENERAL PRODUCCION
MAURO SIMONE
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SOBRE
LA OBRA
| Dice Bergam acerca de su film : -"Pero por qué aparece de pronto Sonata de Otoño y tiene el aspecto que tiene, igual que un sueño... posiblemente ese sea el error: tenía que haber seguido siendo un sueño. No una película de sueños, sino un sueño cinematográfico: dos personajes. Debía
haberse prescindido del ambiente y todo lo demás.
Se
esconde algo misterioso en la frase "la hija da a luz a la
madre".
Allí hay un sentimiento que no tuve fuerzas de llevar hasta el
final.
La noche de la absolución."-
INGRID BERGMAN Y LIV ULLMAN - FILM: "SONATA OTOÑAL" 1978 |
Ideas - propuesta de José Carlos Plaza: La
obra es una biopsia de almas . Una paseo tranquilo , lucido.
por
ese terreno movedizo, delicado, tormentoso y confuso que es el
alma
de las personas. No tiene final , ni tiene principio por que todo
seguirá
aparentemente igual . Creo que las heridas están , pueden dejar
de doler, de alterar nuestro comportamiento pero nunca modifican
verdaderamente
conductas. Somos como somos por esas circunstancias y al mismo tiempo
vamos
viviendo y creando las que herirán a los demás.
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LEONOR MANSO EN EL PAPEL DE CHARLOTTE - 2002 |
VIRGINIA INNOCENTI EN EL PAPEL DE EVA - 2002 |
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PROPUESTA ESCENOGRAFICA de Tito Egurza
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"Sonata Otoñal" es una obra muy difícil de realizar (de trasmitir) porque trata del combate de dos almas que no parecen dispuestas a curar sus heridas, por lo contrario, las profundizan y las exponen crudamente. Donde la acción está en la palabra y por lo tanto son los actores que deben encarar este drama "desnudos" sin envolturas ni aditamentos que distraigan. Bergman dijo que debería ser como un sueño. (una pesadilla?). Para mi, lo único verdaderamente real pudo haber sido la carta con la que Eva, después de siete años, invita a su madre al encuentro. Todo lo demás, tranquilamente, podría ser encarado como que ese encuentro nunca existió, que todo es fruto de la imaginación, consiente, de ambas. Decirse lo que nunca se dijeron, preguntar sobre lo que ya, internamente, tienen respuesta, reprocharse, en fin, las causas de las "heridas". Yo trabaje con esa hipótesis. Por lo tanto "la casa" donde transcurre la acción debería ser de una arquitectura indefinida (parte de un sueño?) , cambiante y muy dinámica. Que permita ( como sugiere J. C. Plaza) imprimir un ritmo sin pausas, con saltos en los tiempos reales y posibilitar, en algún caso, escenas simultáneas ó contra escenas en espacios diferenciados. SOLUCIONES FORMALES La solución adoptada fue lograr dentro de los límites que imponía el escenario la convivencia de 10 espacios diferentes ( ver de A a J en los Esquemas Espaciales Funcionales) de uso no estanco y posibilidad de empleo simultáneo. A tal fin se concibió una planta escenográfica "esclava" de la iluminación. ![]() 1:
Son bastidores con ventanas que solo "aparecen" cuando son iluminadas
de
back con distinto color y/o intensidad.
El
frente lleva una placa de aglomerado de 5cm calada (ventana) y se forro
con 2 capas de tela - interna blanca de algodón y la externa
negra
traslúcida para lo cual se utilizo tela con Lycra que
permitió
estirarla de 1,50 (ancho comercial) a 2.60 sin costura
Luz y penumbra, claro y oscuro con un criterio en el uso del alto contraste para "aislar" y recortar cada escena. El objetivo: generar particiones virtuales del espacio, diferentes planos en profundidad y la elasticidad, para la dirección, de poder usar libremente el escenario de acuerdo a la importancia con que cada escena necesitaba jugarse.
Tecnicamente
se baso en 4 sistemas superpuestos: |
Con las distintas variantes de iluminación interior y exterior se logran configuraciones espaciales diferentes
Generada
por el espacio virtual aislado formado entre el rectángulo
con cambio de color en el piso y el plafond suspendido sobre sus
cabezas.
La iluminación fría (con corrector 201 Lee, y recortada
sobre
el rectángulo completa |
ESQUEMAS ESPACIALES FUNCIONALES
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B
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D
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J
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G
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I
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VOLVER ARRIBA |
"Sonata
otoñal" es un espectáculo que emociona y asombra con la
solidéz
de su propuesta. El
lenguaje escénico del español José Carlos Plaza
es de una exquisitez inusitada. El director convirtió a su
puesta
en escena en una partitura musical, compuesta de espacios que se
iluminan
y oscurecen al ritmo de las emociones de los personajes. A la vez que
exigió
a sus interpretes deslizarse por un continuo plano emocional, inmerso
en
contradicciones que se perciben a través del accionar del
cuerpo,
de los movimientos y de las miradas. MEMORABLES
ACTUACIONES La escenografía de Tito Egurza, el vestuario de Marian Pérez Cigoj y la música de Diego Vila, permiten acercarse a un entramado de sensaciones en las que la religión, la culpa y cierta suave y contemporánea frivolidad parecen darse la mano, para coincidir en un espectáculo deslumbrante, en el que el dolor humano adquiere su mayor trascendencia escénica. Juan
Carlos Fontana
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SABADO
27/07/2002 Cuadro de existencias torturadas “Sonata
otoñal”, de Ingmar Bergman.
Nuestra
opinión: Muy bueno
Esta
es la versión teatral del film homónimo, de 1978, ...
El
choque feroz
En
el mundo interior de Bergman, cada personaje arrastra una culpa, una
complicada
relación con el exterior. Como siempre, el múltiple
creador
sueco –cine, teatro, narrativa– exalta a la mujer como dadora de vida y
también de muerte, suprema consoladora y mantis religiosa que
devora
al macho. En su obra, los varones suelen ser, como este Viktor de
“Sonata
otoñal”, pasivos testigos de la acción femenina, de cuya
sutil telaraña no pueden –ni quieren– huir.
En
este caso, el choque es feroz. Porque cada una, Charlotte y Eva,
sobrelleva
un dolor casi secreto. Eva no está enamorada de su marido, pero
confiesa que éste es su mejor amigo. Hubo otro hombre, el
primero
e inolvidable, en su adolescencia, al que su madre alejó,
obligando
a su hija a abortar. No obstante, ella y Viktor tuvieron un hijo, Erik,
ahogado a los cuatro años en un pozo mal cubierto del
jardín.
Y hay una hermana de Eva, Helena, cuya parálisis progresiva la
convirtió
en un objeto, capaz, sin embargo, de reconocer a su madre y pedirle,
retorciéndose
y babeando, un afecto que a Charlotte le cuesta otorgarle.
El
abrazo de la serpiente
Cuadro
sombrío de existencias torturadas, lento devanar de agravios
que,
como una espiral pegajosa, como el abrazo mortal de la boa constrictor,
van asfixiando a los personajes hasta hacerlos estallar en un delirio
de
acusaciones, casi a punto de matarlos a fuerza de angustia y oprobio
(¿pero
cuál es la realidad de aquello que sintieron y sufrieron hasta
el
límite de lo soportable?), en él se advierte una
bienvenida
huella del último teatro de los dos grandes dramaturgos
escandinavos,
Ibsen y Strindberg. El magnífico texto proporciona oportunidades
de actuación que las intérpretes no desaprovechan, por
cierto.
Aparte de la felicidad de encontrar por fin un libreto que otorga a la
palabra una importancia fundamental (éste es un portentoso
edificio
verbal, del que no conviene perder ni una sílaba), se ha
encontrado
a las actrices adecuadas. Leonor Manso sale airosa de la ardua
prueba:
su Charlotte aparece irónica, carnal, refinada, cruel y
finalmente,
en la magistral escena de la suprema batalla con Eva, derrumbada de su
pedestal y convertida, a su vez, en una hija que implora la
protección
de la diosa madre. Virginia Innocenti afronta, a su vez, la
mayor
prueba de su brillante carrera y compone una Eva inolvidable,
transparente,
patética y dueña, sin embargo, de una suerte de majestad
mítica, de guardiana de los secretos de la vida y de la muerte.
Junto a ellas, Verónica Del Vecchio impresiona por el
verismo
atroz con que juega a la paralítica. Bidonde se ubica
correctamente
en la discreta penumbra que le toca al único varón.
José
Carlos Plaza dirige con impecable ritmo y ejemplar sobriedad, no
permitiéndose,
ni en los momentos de mayor violencia, la menor concesión al
lugar
común. Colaboran en la austera puesta Tito Egurza,
creador,
con su reconocida maestría como escenógrafo e iluminador,
de la atmósfera adecuada, y Mariana Pérez Cigoj,
diseñadora
que comprendió muy bien el papel fundamental que tiene
aquí
el vestuario de las actrices. El programa de mano no consigna, en
cambio
–y es lástima–, quién firma la excelente
traducción.
Ernesto
Schoo
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La llegada de Charlotte, una mujer que parece huir obsesivamente de la enfermedad y el dolor, va a desencadenar una catarsis familiar, rito que Eva desea, sin acaso esperar por ello un posterior y demorado abrazo que la proteja. Esta transcripción escénica, muy cuidada en todos sus aspectos,. La disgregación de la personalidad de Eva y la búsqueda de la propia reconstrucción quedan sobradamente expuestas en el trabajo de Virginia Innocenti, así como otras particularidades del carácter en Charlotte, esa extraña madre castradora que les teme tanto a las cuestiones cotidianas como al vacío existencial. Porque, si bien se ha calificado al guión de Sonata otoñal como uno de los escritos menores de Bergman, es posible rastrear también en esta transcripción escénica realizada por el madrileño José Carlos Plaza ese vacío o preocupación metafísica. El pastor Viktor lo revela a su manera con ese pesimismo tan desesperado como estoico respecto de la vida y de la existencia de un dios. En esta pieza todos libran su combate: una luchacon los fantasmas propios y con aquello que cada uno cree haber perdido definitivamente. Como en otros guiones del artista sueco, alguien se convierte en testigo de alguna catástrofe interior. En Sonata..., esa función se duplica. Un testigo es Viktor, quien carga con su condición de voyeur y el único ser al cual Eva puede considerar su amigo, y otro a postrada Helena, que recuerda, aun con sus diferencias, a la Alma Vogler de la película Persona y su voluntaria mudez. Sonata... describe pasiones violentas, pero siempre dentro de un marco civilizado. Sus personajes se encuadran en un sector social burgués donde obsesiones y crueldades quedan encubiertas, salvo en situaciones límite, como la que sobreviene en esa larga noche del reencuentro entre madre e hija, que Bergman retrata con mirada crítica y ubica, en tanto atmósfera, en el límite entre el sueño y la vigilia. Es, si se quiere, el momento de un derrumbe personal, el de la madre, algo hastiada de su vida nómade, y de la hija treintañera, que perdió a su pequeño y único hijo en un accidente y cae en la melancolía. Estado que sólo abandona para cuidar de su hermana y atender a Viktor, y para deambular por el cementerio, creyendo percibir en esa experiencia el roce físico de su hijo. En las horas que van de un atardecer a la mañana siguiente surgen, entre el insomnio y el alcohol, verdades nunca dichas antes. El tiempo, como tal, deja de existir ante la puesta en primer plano de rencores y miedos, e incluso de la necesidad de ternura de estas mujeres, que aquí protagonizan Innocenti y Manso,. La adaptación escénica del español Plaza apunta a mostrar un cuadro de recriminaciones, pero también de debilidades y deseos de reconciliación de un grupo humano en situación de crisis. El vértigo que produce esta obra queda de manifiesto en la labor de Innocenti, apasionada si se la compara con la de Manso, más contenida, como requiere por lo demás su personaje. El Viktor de Bidonde es más que un voyeur, puesto que opina y descubre sus emociones, y la Helena que compone Verónica Del Vecchio conmueve con un trabajo revelador. Resultan adecuados el vestuario que diseñó Mariana Pérez Cigoj y el juego de luces y la escenografía creados por Tito Egurza. Hilda
Cabrera
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Una
historia de rencores que se acumulan Sonata
otoñal
es la versión teatral de la película del mismo nombre que
escribió y dirigió Ingmar Bergman. Leonor Manso —como
Ingrid
Bergman en su momento— interpreta a Charlotte: la célebre
pianista que dejó a sus dos hijas al cuidado de su marido por no
resignar su carrera profesional. Ella vive en permanente viaje,
siguiendo
la ruta de sus conciertos internacionales. Virginia Innocenti
interpreta
a Eva —la que hizo Liv Ullman—, hija de Charlotte, quien invita a su
madre
a pasar unos días de descanso en su casa y una vez que
ésta
llega descarga sobre ella los reproches y rencores acumulados en
años. IVANA
COSTA
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